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sábado, 31 de marzo de 2012

Los Reptilianos

Por Xentor Xentinel


La Gran Familia de Razas Inteligentes Reptilianas recibiría en su conjunto el nombre de Ginaabul. La primera de estas razas serían los Kingu, también conocidos como Saurios, Draconianos o Dracos.

Otras Razas Ginaabul serían los Usumgal (otra variedad de Saurios), los Sutum (Lagartos Machos), las Amasutum (Lagartas Hembras), los Musgir (también conocidos como Pazuzu y Gárgolas), etc.

Los Kingu o Draco se habrían originado en la Tierra, evolucionando de los dinosaurios. Esto debe haber sucedido en una Línea de Tiempo diferente a la nuestra. Tras un cataclismo que habría destruido la Tierra en esa Línea de Tiempo, emigraron al Sistema de Thubán, también conocido como Alfa Draconis. Desde ahí habrían extendido su Imperio por diferentes Constelaciones, especialmente en Orión, que se convirtió, prácticamente, en su segundo hogar.

En Orión, los Ginaabul conocieron a sus primeros aliados: En la Nebulosa de Orión conocieron a los Ameli o Lux, Seres Etéricos que gustan alojar en el cerebro de los seres físicos inteligentes. En el Sistema Alnitak de Orión, conocieron a los Sukkal o Carianos, seres con aspecto de Hombres-Pájaro.

En el Sistema Rigel de Orión conocieron a los Riguelianos, seres pequeños y de grandes ojos y cabezas, a los cuales, más bien esclavizaron. En el Sistema Zeta Retículi de la Osa Mayor, los Ginaabul encontraron a seres de similares características, y mezclando genes de ambas razas, con los del Musgir, crearon al esclavo perfecto: los Miminu. Estas tres razas, los Riguelianos, los Zeta Reticulianos, y los Miminu, son los que hoy conocemos como los «Grises».

Los Ginaabul continuaron expandiendo su Imperio por las Constelaciones. Generalmente, cada guerra que emprendían las ganaban, aunque en una ocasión sufrieron una amarga derrota en el Sistema Sirio del Can Mayor, a menos de los nativos Abgal, una especie de Hombres-Peces. Pero una nueva raza, creada por los Abgal después de dicha guerra, se convertiría en el gran rival de los Ginaabul a través de las edades. Éstos eran los Amelius, o Humanos Galácticos, originados en el Sistema Vega de Lira.

Los Ginaabul conocerían a esta raza durante la Primera Gran Guerra de Velatropa, nuestro Sector Galáctico. Ésta comenzó como un conflicto con los Insectoides Nim —también conocidos como «Mantis»—, y terminó con un conflicto con una serie de Razas Aliadas de los Nim, lideradas por los Humanos.

Por primera vez, los Ginaabul se encontraron con una Alianza de múltiples Civilizaciones en su contra. Aún así lograron causar grandes bajas a sus enemigos, e incluso destruir el Planeta Natal de los Humanos. Pero, cuando su propio Planeta Capital en Draco, fue también destruida, Satanel —el Comandante Supremo de las Fuerzas de Orión—, hizo un inesperado e histórico llamado a todas las partes del conflicto a una negociación conjunta.

Tras este proceso, nació la llamada Federación Galáctica de Velatropa, y una nueva Era de Paz Galáctica dio inicio. Se hicieron múltiples expediciones a diferentes Sistemas para descubrir y contactar pacíficamente a diversas Razas para hacer la invitación a sumarse a la Federación. Incluso, se llegó a contactar a los Helel, Creadores y Planificadores Cósmicos de la Evolución en Nebadon, el Cúmulo Galáctico al que pertenecemos; y hasta se organizó una Expedición a la Galaxia Central de Andrómeda, para una entrevista con el Consejo de los 13 de Nebadon.

De todo esto, se aprendió que había un Plan Cósmico, y que las Razas protagonistas en éste eran los Reptilianos y los Humanos. Sin embargo, en cierto momento, los Helel decidieron que su Plan Cósmico no estaba resultando como debía, y apostaron por un «Cambio de Planes Cósmico». Luzbel, uno del Consejo de los 13, se rebeló contra este cambio de Planes, y decidió que los Ginaabul debían saber de qué se trataba: Contactó con Satanel —ahora Líder y Representante de toda la Liga de Orión para la Federación Galáctica—, y le dijo que los Helel habían creado una nueva Línea de Tiempo, en la cual la Tierra no daría origen a una Raza Reptiliana, sino a una Humana.

Ante esta noticia, Satanel entró en cólera, y ésta se extendió a toda la Familia Ginaabul, cuando el Nuevo Plan Cósmico fue revelado. Entonces, Satanel proclamó su Rebelión Cósmica contra este Plan, contra los Planificadores Helel, y contra la Federación Galáctica, que se había convertido en ejecutora de esos Planes.

Estalló así la Segunda Gran Guerra de Velatropa, que fue aún más terrible que la primera. Mundos completos fueron barridos sin contemplaciones por la furia Reptil. Pero, finalmente, los Rebeldes y sus Aliados fueron aplastados y sometidos en la Batalla Final de Shielho, librada en el Sistema que conocemos como Alción de las Pléyades.

Satanel y sus principales Comandantes, fueron apresados y juzgados ante el Consejo de los 24 de Norlatiadek, nuestra Galaxia. La sentencia fue el ser deportados a la Tierra, en el Tiempo Alternativo, en una época situada hace un millón de años de nuestro tiempo, para realizar trabajos forzados en favor del Nuevo Plan Evolutivo para la Tierra.

En esta época estaba surgiendo la Raza de Andon u Homo Erectus, que estaba destinada a evolucionar hacia un Humano Inteligente capaz de albergar una Chispa Divina en su ser. Los Rebeldes, no sólo no ayudaron en este Proyecto, sino que se las arreglaron para sabotearlo y, en un último enfrentamiento con los Comandos de la Federación Galáctica en la Tierra, fueron destruidos.

Pasaron, entonces, con sus Cuerpos Astrales a habitar la Cuarta Dimensión de la Tierra, y ahí se dieron cuenta de que no podían escapar de este planeta, debido a ciertos Dispositivos instalados por la Federación Galáctica.

Entonces, su ira fue inmensa, y juraron no descansar hasta encontrar la forma de destruir la Humanidad, de la Tierra primero, y de todo el Universo después. Pero antes, les quitarían la Chispa Divina —Chispa de la que ellos carecen—, para ser inmortales y trascencer el Universo Material; para enfrentarse y destruir a los Helel, que habían jugado con ellos y con todas las Razas del Universo.

Por entonces, lo único que pudieron hacer sus aliados Miminu, fue crear un Portal Dimensional en Marte, por el cual los Reptilianos Astrales podían asomarse durante ciertas Alineaciones Planetarias.


LOS ANUNNAKI

Pasó el tiempo y, hace unos 450.000 años, empezaron a llegar a la Tierra, los Anunna, una rama menor de Humanos Galácticos, creada por los Humanos de las Pléyades. Estos Anunna llegados a la Tierra, fueron conocidos como los Anunnaki. Luego, hace unos 400.000 años, un grupo menor de Anunnas, conocidos como los Nungal o Igigi, fueron destinados a Marte.

Los Reptilianos Astrales se dieron cuenta que Anzu, el Comandante de los Nungal, tenía ciertos odios y rencores hacia los Líderes Anunnaki, y comenzaron a alimentar psíquicamente esa rivalidad, empujándolo sutilmente a iniciar una guerra entre los Nungal y Anunnaki. Sin embargo, la rebelión de Anzu fracasó, y éste fue ejecutado.

Mientras tanto, los Anunnaki crearon la Raza de Adamu o Neandertal, combinando sus propios genes con los del Andonita u Homo Erectus.

Anzu había dejado un hijo, Ullikummi, y los Reptilianos Astrales también influyeron en él para lanzarse en una guerra de revancha contra los Anunnaki, la cual se dio finalmente hace 210.000 años. Pero esta rebelión también fue aplastada por los Anunnaki.

Mientras tanto, hace 108.000 años, estos dieron origen a la Raza de Adapa, u Homo Sapiens Sapiens, una raza ya capaz de albergar una Chispa Divina, aunque no todos tenían este componente.

Los Reptilianos Rebeldes notaron un nuevo motivo de descontento entre los Nungal, al pasar éstos demasiado tiempo en Marte, solteros y sin mujeres, y decidieron aprovecharlo en su favor. Ésta vez, y con ayuda de un grupo de Reptilianos Físicos recién llegados a Marte, realizaron una compleja operación, secuestrando a Marduk, y expulsándolo de su propio cuerpo, para instalar en su lugar a Satanel. La misma operación se realizó con los hombres de confianza de Marduk, cambiándolos por los Compañeros más cercanos de Satanel.

Entonces, los Líderes Reptilianos, en los cuerpos de los Líderes Nungal, se prepararon militarmente y, hace unos 52.000 años, desataron una nueva Rebelión, descendiendo a la Tierra, para tomar esposas de entre las mujeres Adapitas, y obligando a los asombrados Líderes Anunnaki a bendecir dichas uniones, bajo la amenaza de atacar y destruir desde el Espacio todas las Instalaciones Anunnaki en la Tierra si se negaban a hacerlo.

Todo esto lo hicieron para iniciar un Linaje especial de Humanos-Reptilianos y, desde entonces, los Reptilianos han estado buscando la combinación de ADN exacta que les permita seguir siendo Reptilianos y, a la vez, albergar en sí una Chispa Divina, como los Humanos.

(Por falta de tiempo, dejo pendiente el concluir este relato para un futuro próximo).

A continuación, dejo los links a otros post en este Blog, dedicados a los Reptilianos, y temas afines.


TESTIMONIOS REPTILES

  • Testimonio Reptil: «Yo soy esto que ves ahora»
  • Maestro Reptiliano en el Sur de Chile
  • KERYAC: El Caso del Hermano Reptiliano
  • Arizona Wilder: Revelaciones de una Diosa Madre


    REVELACIONES DE CREDO MUTWA

  • CHITAULI: Los Terribles Dioses Lagarto de la Tradición Zulú
  • Credo Mutwa: El Plan Reptiliano
  • Credo Mutwa 2010: El Collar de los Misterios


    HISTORIA REPTILIANA

  • Invasión Alienígena
  • URUSHDAUR: Ritual Sumerio para usurpar cuerpos
  • Los Kuarz
  • El Pacto Reptiliano
  • Príncipe William: El Anticristo del NOM Develado


    CINE Y TV

  • Ellos Viven (Película)
  • V, Invasión Extraterrestre: Miniserie Original
  • V, Invasión Extraterrestre: La Batalla Final
  • Sumeria

    Sumeria es considerada por la Historia Oficial como la primera civilización humana. Fue concedida por los Anunnaki a los habitantes de Mesopotamia, en el actual Irak, hace unos 5.800 años, y fundada oficialmente el año 3761 AEC, durante la última visita del Rey Anunnaki Anu a la Tierra. Colapsó el año 2024 AEC, tras el Holocausto Nuclear desatado por los Anunnaki sobre la Pentápolis (Confederación de 5 ciudades), conformada por Sodoma, Gomorra, Adama, Zeboim y Segor, ubicadas en lo que hoy es la parte sur del Mar Muerto.

    A continuación, unos post relacionados con Sumeria y su lengua, el Emenita.


  • URUSHDAUR: Ritual Sumerio para usurpar cuerpos
  • Silabario Sumerio
  • Glosarios Sitcheanos
  • Glosario Girku
  • La Congregación Friendship

    Por Xentor Xentinel
    Actualizado el 8 de Enero del 2012.


    «Aconteció que cuando los Adam [terrestres] comenzaron a multiplicarse sobre la faz de la tierra y les nacieron hijas, al ver los Hijos de los Elohim [Elevados] que las hijas de los terrestres les eran compatibles, tomaron para sí esposas, de entre las que eligieron [...]. Los Nefilim ['Los Que Descendieron', los Anunnaki] estaban sobre la Tierra en aquellos días, y también después, cuando los Hijos de los Elohim cohabitaron con las hijas de los terrestres, y ellas les dieron hijos. Éstos fueron los Poderosos de Olam [el Planeta Nibiru], el Pueblo del Shem [Naves Espaciales]» (Génesis 6:1-4).
    Hace 52.000 años, los Igigi ó Vigilantes de Marte, un grupo de 200 Dingir (Humanos del Planeta Nibiru) asignados a aquel planeta, decidieron descender a la Tierra, y tomar mujeres de la Tierra como esposas, para formar familias con ellas. De dichas uniones surgieron los MESH o Estekna, los famosos Semidioses de la antigüedad.

    Esta Raza de Semidioses fundó la Civilización Atlante, y prosperó hasta que el Gran Diluvio, hace más de 12.000 años, acabó con la mayoría de ellos. Posteriormente, otros Dingir volvieron a cruzarse con los hijos e hijas de los hombres, creando una serie de Linajes especiales.

    Hoy, una misteriosa organización que se hace llamar «Congregación Friendship» («Amistad», en inglés), parece estar buscando hoy a algunos de los descendientes de dichos Linajes. Sus miembros suelen ser de aspecto Ario, como los Anunna, y parecen estar en contacto con Alienígenas, a quienes se refieren como «Los Ángeles del Señor». Como emblema, usan el Tridente, que era el mismo emblema de Poseidón y la Atlántida.

    Tienen una Base Secreta Subterránea en alguna de las miles de islas del Archipiélago de los Chonos, en el Sur de Chile; se cree que está ubicada por el Paralelo 45, en la Región de Aysén. Desde ahí hablaron por Radio de Banda Ciudadana con mucha gente, tal vez miles, durante los años 80 y 90.

    También se cree que tienen más Bases en otros puntos del mundo. En los últimos años, se destapó el Caso Amicizia («Amistad», en italiano), en el que muchos italianos afirmaron haber mantenido contacto con supuestos Alienígenas que vivieron en una Base Submarina en el Mar Adriático entre 1956 y 1978. Aquella pudo haber sido otra de las Bases Friendship.

    Poco se sabe de la Congregación Friendship, pues sus miembros actúan con gran discreción, pero tenemos los testimonios de las pocas personas que se han atrevido a hablar públicamente de sus experiencias con estos misteriosos y elusivos personajes.

    A continuación unos links con más información sobre el tema, en este y otros blogs.


    INFO EN ESTE BLOG:

  • Entrevista a Claudia Ortiz
  • La Isla Friendship
  • AMICIZIA: Los Friendship en Italia


    MÁS INFO:

  • Isla Friendship
  • Friendship Sweet Home
  • viernes, 30 de marzo de 2012

    URUSHDAUR: Ritual Sumerio para usurpar cuerpos

    Por Xentor Xentinel


    Los Anunnaki, Dioses Sumerios, eran crueles y celosos: protegían a quienes les rendían culto público y privado, y perseguían a quienes no lo hacían o adoraban a otro Dios. Algunos de estos Dioses otorgaban a sus seguidores fuertes poderes mágicos, como una recompensa a su lealtad. El Urushdaur o capacidad de arrojar el Alma del cuerpo de alguien para instalarse en su lugar, se cuenta entre estos poderes otorgados por los Dioses Antiguos.

    El Ritual del Urushdaur (palabra que significa «Arrojar el Alma por medio de la Sangre»), nos ha llegado en parte gracias a unas esferas de terracota extraídas del yacimiento de Eridu, en la actual Irak, que lo relatan con todo lujo de detalles. No obstante, tales esferas no están al alcance del gran público, por obvias razones de seguridad.

    Dichas esferas no han podido ser adecuadamente datadas mediante el procedimiento del Carbono-14, pero serían anteriores a la Gran Inundación que nosotros conocemos como el Diluvio Universal. En España, existe al menos una copia de las mismas en una colección privada de Valencia.

    Los sumerios no apreciaban demasiado la vanidad, así que su uso para cambiar un cuerpo feo por otro hermoso fue relativamente raro, aunque las necesidades políticas o las sustanciosas ofertas económicas, podían decidirles a utilizarlo por esta razón. A la princesa Narfater, por ejemplo, le cambiaron de niña el deforme cuerpo con el que había nacido por el de otra niña, mucho más guapa, que fue robada a sus padres. A cambio, los Sacerdotes y Sacerdotisas que lo hicieron, recibieron suficiente dinero como para construir un nuevo templo, y la garantía de desempeñar un papel político vital en el Reino.

    En la mayoría de casos, el Urushdaur se aplicaba para alcanzar tres objetivos básicos:

  • El primero, lógicamente, era el de curar enfermedades físicas, usurpando el cuerpo de una persona sana. Sin embargo, y dado que el Urushdaur es tanto más ineficaz cuanto mayor es la edad de aspirante y donante, es difícil que fuese usado por ancianos egoístas para cambiar vejez por juventud; pero es posible que se usara para cambiarle el cuerpo a un niño o joven enfermo por otro sano.

  • El segundo objetivo era el de «dar la vuelta» a un enemigo capturado: el sueño de cualquier jefe de espías es introducir a un agente en el cuerpo de un hombre de toda confianza del enemigo.

  • Y el tercero era el de usurpar el poder, introduciendo al aspirante ilegítimo en el cuerpo del Príncipe o Rey legítimo. De ahí vienen leyendas como la de Excálibur, donde el aspirante debe realizar alguna prueba con éxito, que sólo alguien con la mente y el Espíritu del legítimo gobernante puede realizar.

    No todo el mundo podía beneficiarse del Urushdaur. Tras pagar lo que le fuese requerido, el aspirante entraba como esclavo al servicio del Templo durante un período no inferior a 6 meses, durante los cuales era sometido a severas pruebas para determinar si gozaba de un «Espíritu Transportable», además de prestar durísimos servicios, que incluían la Prostitución Sagrada.

    En caso de que el aspirante fuese considerado apto, durante el año siguiente sufría la denominada «inmersión», donde debía someterse a un durísimo tratamiento preparatorio de entre uno y cuatro años de duración, cuyo objeto principal es separar el Alma del cuerpo del aspirante y prepararla para su inserción en otro cuerpo. Este tratamiento incluye complejas técnicas corporales y mentales, la absoluta obediencia y entrega al dios encarnado en el Mago, y el ofrecimiento de dos sacrificios humanos, además de una serie de sacrificios económicos.

    La víctima, entonces, debía ser secuestrada o atraída con engaños para que fuese al lugar específico donde el rito final tendría lugar. En condiciones ideales, este involuntario donante debía ser lo más joven posible, pero no tanto como para no poder soportar el proceso.

    Los sumerios creían que en los primeros años de vida, el Espíritu aún no se ha «fijado» completamente al cuerpo y, por tanto, es más fácil separarlo. En todo caso, el Urushdaur no funcionaba en absoluto cuando el donante tenía más de 21 años, si era mujer, o más de 14, si era varón. En el extremo contrario, si la víctima era demasiado joven, moriría al sufrir los maltratos brutales, auténticas torturas de semanas de duración, necesarias para separar su Alma de su cuerpo físico. Así pues, la mayoría de estos desdichados donantes, eran niños y niñas entre los 8 y los 14 años.

    Estos tormentos podían durar entre un mes y cuatro, dependiendo de la resistencia del donante a separarse de su cuerpo. Finalmente, se practicaba un prolongado ritual donde el Alma de la víctima era extraída y guardada en un recipiente, cediendo así su cuerpo al aspirante, que fallecía en el proceso. El cuerpo del aspirante era enterrado en secreto y de modo anónimo, como «No-Portador-de-Alma»; el Alma del donante debía conservarse en lugar secreto, pues si el recipiente se rompía, su Alma quedaría liberada, y volvería en forma de fantasma a reclamar su cuerpo.

    Aunque no siempre salía bien la cosa. Una de las Tablillas nos revela que el Urushdaur tenía éxito «en 40 de cada 60 niños pequeños, en 30 de cada 60 niños mayores, en 25 de cada 60 adolescentes, en 12 de cada 60 jóvenes, en 3 de cada 60 personas maduras, y en 1 de cada 60 ancianos», sin dejar de lamentar que «20 de cada 60 donantes mueran debido a la dureza de las ceremonias preparatorias». Estas diferencias por edades obedecen al grado de fijación del Alma al cuerpo que, también en el aspirante, es mayor mientras más viejo se es.

    ¿Y si se fracasaba? Pues existían dos opciones: vuelta a empezar, o convertirse en Sacerdote o Sacerdotisa de por vida, pues los secretos del Urushdaur no podían quedar por ahí en manos de alguien fracasado y resentido.


    ¿HAN REALIZADO LOS REPTILIANOS EL URUSHDAUR?

    Este tema lo he encontrado por «casualidad», mientras buscaba información sobre la lengua sumeria, y me ha interesado en gran manera, pues durante los últimos años me he estado preguntando si los Anunnaki son Humanos, como cree Zecharia Sitchin, o Reptiles, como creen David Icke y Anton Parks, entre otros.

    Un día se me ocurrió que, quizá en algún momento, los Reptilianos abdujeron a algunos Anunnaki Humanos, para expulsar sus Almas y usurpar sus cuerpos, proceso que el investigador Preston Nichols denomina «Shove-In» o «Force-In», para diferenciarlo de aquel conocido como «Walk-In», en donde hay un previo acuerdo con el dueño original del cuerpo, para que éste lo abandone y ceda voluntariamente a su nuevo usuario.

    Ahora me entero que esto mismo que Nichols llama «Shove-In» o «Force-In», se conocía en Sumeria como Urushdaur, y si los Sacerdotes Sumerios lo practicaban, entonces, con mayor razón los Alienígenas. Si los Anunnaki eran Humanos, como cree Sitchin, entonces, los Reptilianos pudieron haber practicado el Urushdaur con algunos de ellos; y más tarde, con los humanos terrestres.

    Esto podría significar que la Elite «Reptiliana» que actualmente gobierna el mundo, podría no ser Reptiliana en un sentido biológico, sino de Alma y de Cuerpo Astral, conservando éstos la apariencia del primer cuerpo biológico en el que encarnaron en el Universo.

    Como postre, les dejo un video del contactado Alex Collier (extracto de su conferencia «Perspectiva Andromedana sobre la Historia Galáctica»), en donde expresa esta misma idea: que las personas que ven a otras personas cambiar de pronto a una apariencia reptil, quizá están presenciando un fenómeno astral y no físico.

    ¿Acaso los Linajes Illuminati realizan el Urushdaur para hacer entrar Entidades Reptilianas en el cuerpo de sus hijos? Alex Collier dice haber recibido información de que al menos una de estas familias (¿Los Rothschild?) realizan el «intercambio» en sus hijos, cuando éstos cumplen 3 años.


    Alex Collier sobre la Élite Reptiliana


    FUENTES PRINCIPALES:
  • «El Trasplante de Cuerpo» (Anónimo).
  • «Cómo robar un cuerpo» (Mizty Covarrubias).
  • «Urushdaur: La Clave Sumeria» (Ricardo Espín).
  • «Abducciones» (Preston Nichols y Peter Moon).
  • Bob Dean: La Llegada de los Anunnaki

    Entrevista de Proyecto Camelot al ex-Sargento Mayor del ejército de los Estados Unidos, hablando sobre las actividades del Gobierno Negro, lo que sabe sobre los Anunnaki y nuestro posible Encuentro Masivo con ellos hacia el 2020.

    El título original de la entrevista era «La Llegada de Nibiru», pero lo he cambiado, ya que no creo que Nibiru vaya a pasar por la Tierra en los próximos años. Mis cálculos me muestran que la próxima visita de Nibiru no se dará sino hacia el año 2650.

    Pero eso, claro, no significa que los Anunnaki no puedan presentarse ante la Humanidad en una fecha próxima como el 2020. El investigador Maximillien de Lafayette, por ejemplo, afirma que los Anunnaki anunciaron al Gobierno Secreto de USA de que ellos harían esto el 2022.

    La entrevista, por lo demás, está llena de temas interesantes, como el del hallazgo del Arca de Noé, y de Tecnología Alien en su interior, lo cual, por supuesto, ha sido mantenido en secreto.


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 1)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 2)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 3)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 4)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 5)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 6)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 7)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 8)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 9)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 10)


    La Llegada de los Anunnaki (Parte 11)

    Devas y Asuras: Bandos Anunnaki en disputa

    Por Xentor Xentinel

    A continuación, trascribo lo que dice la «Enciclopedia Microsoft Encarta 2008» sobre el tema «Devas y Asuras», o lo que nosotros llamaríamos «Ángeles y Demonios». Nótese la curiosa discrepancia entre el Hinduísmo y el Zoroastrismo en señalar quiénes son los «buenos» y quienes los «malos».


    Devas y Asuras, en la tradición veda (es decir, basada en los libros sagrados más antiguos o Veda), un grupo de deidades y demonios. Los Devas (se calculan 33) gobiernan las tres regiones del cielo, el aire y la tierra y asisten a la humanidad con sus poderes benéficos. En la lucha cósmica entre las fuerzas del orden y las del caos, los Devas se oponen a los demoníacos Asuras.

    Este conflicto es dramatizado en el mito del océano batido, en el que los dioses supremos arrancan el monte Mandara, envuelven a la serpiente Vasuli en él y lo ponen en el océano. Los Devas tiran de un extremo de la serpiente, los Asuras del otro, batiendo el océano como mantequilla. Finalmente, después de mucho batir, el sol y la luna surgen del océano seguidos por Dhanvantari, el físico de los dioses, que porta el elixir de la inmortalidad. Éste es recibido por los Devas, y provoca una batalla en la que los Asuras son derrotados.

    En otro mito, una batalla hace estragos entre Devas y Asuras durante cientos de años; el demonio búfalo Mahisha secuestra a los Devas, pero los salva la cólera de Vishnú y Shiva, tan intensa que su energía se materializa en la forma de la diosa Durga, que vence al búfalo. A los Devas los guía Indra, el dios guerrero de las tormentas y de la lluvia, que suele representarse montado en un elefante. Rival de Indra es Varuna, dios supremo del orden cósmico, a quien parece que suplantó, y muchos mitos registran las batallas de Indra con los destructivos poderes representados por los Asuras.

    En numerosos mitos los Asuras reciben ayuda de la deidad creadora Brahma: por ejemplo, ésta les permite construir tres grandes ciudades desde donde dominar las regiones del cielo, el aire y la tierra. Sin embargo, en el momento culminante de su gloria, Shiva prende fuego a las ciudades Asura y arroja a sus habitantes al mar.

    En la religión zoroástrica o mazdeísta de Irán, los Asuras o Ahuras fueron asociados bajo la gran deidad Ahura Mazda con las fuerzas del bien, mientras que los Devas o Daevas desempeñaban la función opuesta, siendo asociados con el espíritu maligno Ahrimán.
    Evidentemente, no se trata realmente de la lucha entre el Bien y el Mal. Sólo estamos ante dos bandos Anunnaki en disputa.

    Jinetes de las Nubes - Dioses Cananeos

    Por Zecharia Sitchin
    (Extracto de su libro «Escalera al Cielo»).


    Al frente del panteón cananita había una deidad suprema llamada EL; un término que en hebreo bíblico era genérico para «deidad», derivada de la palabra acadia Ilu, que literalmente significa «El Elevado o Noble». Pero en los relatos cananitas sobre los dioses y los hombres, EL era el nombre personal de una deidad concreta, que representabala autoridad máxima en todos los asuntos, divinos o humanos. Una estela encontrada en Palestina muestra a EL sentado en su trono mientras una deidad más joven le sirve una bebida, probablemente uno de sus numerosos hijos. EL usa un tocado cónico con cuernos, símbolo que caracteriza a los dioses en todo el antiguo Cercano Oriente; la escena está dominada por un globo alado omnipresente, el emblema del Planeta de los Dioses.

    En tiempos pasados, EL era la principal deidad de los Cielos y de la Tierra. Pero cuando tuvieron lugar los sucesos relatados en las tablillas, EL vivía en un retiro relativo, apartado de los hechos cotidianos. Su residencia estaba «en las montañas», en «las dos fuentes de las aguas». «Allí se sentaba en su pabellón, recibiendo a sus emisarios, manteniendo consejos con los dioses y tratando de resolver periódicas disputas entre los dioses más jóvenes». Muchos de ellos eran sus propios hijos; algunos textos sugieren que EL pudo haber tenido 70. De ellos, 30 los tuvo con su consorte oficial Ashera; los otros, con varias de sus concubinas y también con algunas humanas. Un escrito poético cuenta cómo dos mujeres vieron a EL desnudo mientras paseaban por la playa; quedaron encantadas por el tamaño de su pene y terminaron cada una de ellas dándole un hijo.

    Los descendientes principales de EL fueron tres hijos y una hija: los dioses Yam («Océano, Mar»), Ba'al («Señor») y Mot («El Golpeador, Aniquilador»), y la diosa Anat («Ella, la que responde»). Sus nombres y relaciones son fácilmente comparables con los dioses griegos Poseidón (Dios de los Mares), Zeus (Señor de los Dioses) y Hades (Dios del Mundo Más Bajo). Ba'al, como Zeus, estaba siempre armado con un misil relampagueante, y era el toro su símbolo de culto. Cuando Zeus combatió a Tifón, fue su hija Atenea, Diosa de la Guerra y el Amor, la única que le acompañó; y en los relatos egipcios, Isis fue la única que se quedó con su hermano-esposo Osiris. Lo mismo ocurrió cuando Ba'al combatió a sus dos hermanos; su hermana-amante Anat llegó en su ayuda. Como Atenea, ella era por una parte «La Doncella», a menudo ostentando su belleza desnuda; y por otra la Diosa de la Guerra, con el león como el símbolo de su bravura. El Antiguo Testamento la llama Ashtoret.

    Los vínculos con la memoria y creencias prehistóricas egipcias no eran menos obvios que con los griegos. Osiris fue resucitado por Isis después de que ella encontrara sus restos en la ciudad cananita de Biblos. Del mismo modo, Ba'al fue devuelto a la vida por Anat después deque fuera golpeado por Mot. Seth, el adversario de Osiris, era a veces llamado en los escritos egipcios «Seth de Safón»; Ba'al adquirió el título de «Señor de Safón». Los monumentos egipcios del Nuevo Reino a menudo describían a los dioses cananitas como deidades egipcias, llamándolas Min, Reshef y Anthat. Encontramos así los mismos relatos refiriéndose a los mismos dioses, pero con nombres diferentes, en todo el mundo antiguo.

    Los estudios señalan que todos estos relatos son ecos y no versiones verdaderas, de los muchos más antiguos y originales relatos sumerios. Los relatos están repletos de episodios, detalles, epítetos y enseñanzas que también conforman el Antiguo Testamento, confirmando un escenario común (Gran Canaán), y las tradiciones y versiones originales comunes.

    Zecharia Sitchin: «El Final de los Tiempos» (en Biblioteca Pléyades)

    Después de tres décadas de gestación, la fantástica conclusión de la serie de Crónicas de la Tierra reúne el pasado y el presente para ofrecer una visión radical del futuro. Hace treinta años, Zecharia Sitchin cuestionó las ideas oficiales sobre el origen de la Tierra y del hombre.

    En una serie de provocadores libros titulada «Las Crónicas de la Tierra», Sitchin ofreció una nueva teoría, una teoría radical, basada en indiscutibles pruebas documentales, sobre los Anunnaki, Seres Extraterrestres que llegaron a la Tierra hace miles de años para plantar la semilla genética de la humanidad. En su triunfante obra final, Sitchin cierra el círculo y paralelamente explora la insidiosa pregunta que nos viene acosando desde hace milenios, y que desde el Profeta Daniel hasta Sir Isaac Newton han intentado responder: ¿Cuándo llegará el final?

    En «El Final de los Tiempos - El Armagedón y las Profecías del Retorno», Sitchin resuelve antiguos enigmas, descifra el significado original de los símbolos religiosos, analiza los cálculos científicos realizados, explora las expectativas mesiánicas y tiende un puente que enlaza la historia con las profecías, entre el Siglo 21 AC y el Siglo 21 DC, para presentar una asombrosa visión de lo que nos espera.

    Dice Zecharia Sitchin:

    «¿Cuándo volverán?»

    Esta pregunta me la han formulado montones de veces gente que ha leído mis libros, y se refiere a los 'Anunnaki' - los extraterrestres que vinieron a la Tierra desde su planeta Nibiru y fueron reverenciados en la antigüedad como dioses.

    ¿Ocurrirá cuando Nibiru en su elongada órbita vuelva a nuestra cercanía? ¿Habrá en la Tierra paz, o un Armagedón? ¿Un milenio de problemas y tribulaciones, o una mesiánica Segunda Venida? ¿Ocurrirá en el 2012, o más tarde, o nunca?

    Estas son preguntas penetrantes que combinan las más profundas esperanzas y ansiedades con expectativas y creencias religiosas, interrogantes compuestas por varios sucesos actuales: guerras en las tierras donde comenzó el entrelazamiento de los asuntos del hombre con los dioses; las amenazas de holocaustos nucleares; la alarmante ferocidad de los desastres naturales.

    Estas son preguntas que no me he atrevido a responder en todos estos años - pero ahora son asuntos cuyas respuestas no puedo —no debo— dilatar.

    Las preguntas en relación al Regreso, hay que darse cuenta, no son nuevas; se hallan inexorablemente ligadas en el pasado —igual como ahora— a la expectativa y aprehensión del 'Día del Señor', el Fin de los Días, Armagedón.

    Hace cuatro milenios, el Cercano Oriente fue testigo de la promesa del Cielo en la Tierra por parte de un dios y su hijo. Hace más de tres milenios, el rey y el pueblo de Egipto añoraban la época mesiánica. Dos mil años atrás, la gente de Judá se preguntaba si el Mesías había aparecido, y nosotros aun estamos encerrados con los misterios de estos sucesos.

    ¿Se están cumpliendo las profecías?

    Trataremos, a partir de las extrañas respuestas que fueron dadas, de resolver antiguos enigmas, descifrar el origen y significado de símbolos - la Cruz, los Peces, el Cáliz. Describiremos el rol de los sitios relacionados espacialmente con los sucesos históricos, y será mostrado como el Pasado, el Presente y el Futuro convergen en Jerusalén, el lugar del 'Enlace Cielo-Tierra'.

    Y consideraremos el por qué nuestro actual siglo 21 d.C. es tan similar al siglo 21 a.C.

    ¿Está la historia repitiéndose a si misma - está destinada a repetirse a si misma? ¿Está todo guiado por un Reloj Mesiánico? ¿Está esa fecha, a la mano?

    Hace más de dos milenios, Daniel en el 'Libro de Daniel' del Antiguo Testamento repetía incontablemente la preguntaba a los ángeles:

    ¿Cuándo? ¿Cuándo ocurrirá el Fin de los Días, el Final del Tiempo?

    Hace más de tres siglos atrás, el famoso Sir Isaac Newton, quién elucidó los secretos de los movimientos celestiales, compuso tratados en relación al Libro de Daniel de Antiguo Testamento y al Libro de las Revelaciones del Nuevo Testamento; serán analizados sus cálculos recientemente hallados en relación al fin de los días, junto con otras predicciones más recientes, del Final.

    Tanto la Biblia Hebrea como el Nuevo Testamento afirman que los secretos del futuro se hallan incrustados en el Pasado, que el destino de la Tierra está conectado con el Cielo, que los asuntos y sino de la Humanidad están enlazados con los de Dios y los dioses. Al meternos con aquello que aún está por suceder, atravesamos desde la historia a la profecía; la una no puede ser comprendida sin la otra, e informaremos de ambas. Con lo anterior como guía, miremos lo que viene a través de los lentes de lo que ha ocurrido.

    Las respuestas serán ciertamente una sorpresa.

    Zecharia Sitchin
    Nueva York
    Noviembre 2006

    Tenemos el agrado de informar que «El Final de los Tiempos - El Armagedón y las Profecías del Retorno», ya está disponible en Biblioteca Pléyades:

    www.bibliotecapleyades.net/sitchin/enddays/finde_losdias.htm

    Guerras de Hombres y Dioses

    Por Xentor Xentinel


    SARGÓN (SIGLO 24 AEC)

    Por el año 2371 AEC, en la lejana Mesopotamia, un joven ambicioso tomó el poder. Se le llamó Sharru-Kin, el «Gobernante Justo», pero nuestros libros de texto le llaman Sargón I. Construyó una nueva capital, a la que llamó Agadé, y estableció el reino de Acad.

    La lengua acadia, escrita en forma de cuña (cuneiforme), fue la lengua madre de todas las lenguas semitas, de las cuales todavía están en uso el hebreo y el árabe.

    Sargón, que gobernó durante la mayor parte del Siglo 24 AEC, atribuyó su largo reinado (54 años) al estatus especial que le concedieran los Grandes Dioses, que le hicieron «Supervisor de Ishtar, Sacerdote Ungido de Anu, Gran Pastor Justo de Enlil».

    Según escribió Sargón, fue Enlil el que le dio la región que va desde el Mediterráneo hasta el Golfo Pérsico. Por tanto, Sargón llevaba hasta «las puertas de la Casa de Enlil» a los Reyes cautivos, atados con cuerdas a los collares de perro que les ponían alrededor del cuello.

    En una de sus campañas por los Montes Zagros, Sargón vivenció las mismas hazañas divinas que los combatientes de Troya presenciarían mil años después. Cuando «estaba entrando en el país de Warahshi... intentando proseguir su avance en la oscuridad... Ishtar hizo que la luz brillara sobre él». Así pudo Sargón «atravesar las tinieblas» de la oscuridad mientras dirigía a sus tropas a través de los pasos montañosos del actual Luristán.


    NARAM-SIN (SIGLO 23 AEC)

    La dinastía acadia que comenzara Sargón alcanzó su culminación bajo su nieto Naram-Sin («Aquel al que ama el dios Sin»), quien ascendió al trono el 2291 AEC. Las conquistas de Naram-Sin se debieron a que su dios le había concedido un arma única, el «Arma del Dios», y también a que los otros Dioses le habían dado su consentimiento explícito —o incluso le habían invitado— a entrar en sus regiones.

    La principal incursión de Naram-Sin fue en dirección noroeste, y entre sus conquistas estuvo la de la Ciudad-Estado de Ebla, cuyo archivo de 20.000 Tablillas de Arcilla, ha provocado un enorme interés científico:

    «Aunque desde los tiempos de la separación de la humanidad ningún Rey había llegado a destruir Arman e Ibla, el dios Nergal abrió el sendero para el poderoso Naram-Sin, y le dio Arman e Ibla. También le dio como regalo desde Amanus, la Montaña de los Cedros, hasta el Mar Superior», es decir, el Mediterráneo.

    Del mismo modo que Naram-Sin podía atribuir sus victoriosas campañas al hecho de haber tenido en cuenta las órdenes de sus Dioses, su caída se atribuyó también al hecho de haber ido a guerrear contra el mundo de los Dioses.

    Los expertos han recompuesto, con fragmentos de diferentes versiones, un texto que ha recibido el título de La Leyenda de Naram-Sin.

    Hablando en primera persona, Naram-Sin explica en este relato de aflicciones que sus problemas comenzaron cuando la diosa Ishtar «cambió sus planes» y los Dioses les dieron su bendición a los «siete Reyes, hermanos, gloriosos y nobles. Sus tropas ascendían a 360.000».

    Llegando de lo que ahora es Irán, invadieron las tierras montañosas de Gutium y Elam al este de Mesopotamia, y llegaron a amenazar a la misma Acad. Naram-Sin les preguntó a los Dioses qué debía hacer, y le dijeron que dejara a un lado las armas y que, en vez de ir a combatir, se fuera a dormir con su mujer (pero, por algún motivo profundo, que evitara hacer el amor).

    Pero Naram-Sin, diciendo que iba a confiar en sus propias armas, decidió atacar al enemigo a despecho del Consejo de los Dioses.

    «Con la llegada del primer año, envié a 120.000 hombres, pero ninguno volvió vivo», confesó Naram-Sin en su inscripción. Gran cantidad de tropas fueron aniquiladas durante el segundo y el tercer años, y Acad comenzó a sucumbir ante la muerte y el hambre.

    En el cuarto aniversario de aquella guerra no autorizada, Naram-Sin apeló al gran Enki para que desautorizara a Ishtar y expusiera su caso ante el resto de los Dioses. Éstos le aconsejaron que desistiera en su lucha, y le prometieron que «en los días por venir, Enlil traerá la perdición sobre los Hijos del Mal», y Acad tendrá un respiro.


    LA CATÁSTROFE (SIGLO 21 AEC)

    La prometida era de paz duró alrededor de 3 Siglos, durante los cuales Sumer, la parte más antigua de Mesopotamia, reemergió como centro de la realeza; y los centros urbanos más antiguos del mundo antiguo —Ur, Nippur, Lagash, Isin, Larsa— florecieron de nuevo.

    Sumer fue, bajo los reyes de Ur, el centro de un imperio que abarcaba la totalidad del Oriente Próximo de la antigüedad. Pero en el año 2025 AEC, el país se convirtió en el campo de batalla de lealtades encontradas y de ejércitos oponentes. Y, entonces, aquella gran civilización —la primera civilización conocida del hombre— sucumbió a una catástrofe de proporciones sin precedentes.

    Fue un acontecimiento fatídico que fue recogido en los relatos bíblicos como la destrucción de Sodoma y Gomorra. Fue un acontecimiento cuyo recuerdo pervivió por mucho tiempo, siendo conmemorado y llorado en numerosos poemas, que dan una descripción gráfica del caos y la desolación que cayeron sobre el centro de aquella antigua civilización.

    Fue, según afirman los textos mesopotámicos, una catástrofe que cayó sobre Sumer como resultado de una decisión del Consejo de los Dioses.

    Llevó casi un siglo repoblar el sur de Mesopotamia, y otro siglo más hasta reponerse por completo de la aniquilación divina. Para entonces, el centro del poder mesopotámico se había desplazado hacia el norte, a Babilonia.

    Allí surgiría un nuevo imperio, que se proclamaría a un ambicioso dios, Marduk, como deidad suprema.


    HAMMURABI (SIGLO 18 AEC)

    Hacia el 1800 AEC, Hammurabi, rey que se hiciera famoso por su código legal, ascendió al trono de Babilonia y empezó a extender sus fronteras. Según sus inscripciones, los Dioses no sólo le decían cuándo debía lanzar sus campañas militares, sino que, además, dirigían literalmente sus ejércitos:

    «Mediante el poder de los Grandes Dioses el Rey, amado del dios Marduk, restableció los cimientos de Sumer y Acad. Por mandato de Anu, y con Enlil al frente de su ejército, con los portentosos poderes que los Grandes Dioses le habían dado, no encontró rival en el ejército de Emutbal y su rey Rim-Sin...».

    Para superar a sus enemigos, el dios Marduk le concedió a Hammurabi una «poderosa arma» llamada el «Gran Poder de Marduk»:

    «Con la Poderosa Arma con la cual Marduk proclamaba sus victorias, el héroe [Hammurabi] venció en la batalla a los ejércitos de Eshnuna, Subartu y Gutium... Con el "Gran Poder de Marduk" venció a los ejércitos de Sutium, Turukku, Kamu... Con el Portentoso Poder que Anu y Enlil le habían dado derrotó a todos sus enemigos hasta el país de Subartu».

    Pero no pasó mucho tiempo antes de que Babilonia tuviera que compartir su poder con un nuevo rival en el norte: Asiria, donde no se proclamó a Marduk como dios supremo, sino al dios barbado Assur («El Que Todo lo Ve»).


    EL REINO HITITA (SIGLOS 18-13 AEC)

    El Reino Hitita floreció hacia el 1750 AEC, e inició su declive 500 años más tarde, cuando los Hititas se vieron acosados por los Aqueos, cuyo ataque sobre el extremo occidental de Asia Menor, fue inmortalizado por Homero en La Ilíada.

    Durante los Siglos anteriores a la Guerra de Troya, los hititas extendieron sus dominios hasta alcanzar proporciones imperiales, sosteniendo que lo habían hecho por mandato de su dios supremo Teshub («El de las tormentas»). Al parecer, se trata del que los sumerios conocieron como Ishkur, hijo menor de Enlil.

    Teshub también era conocido como el «Dios de la Tormenta Cuya Fuerza Causa Muertes», y los Reyes Hititas sostenían que, en ocasiones, el mismo dios echaba una mano en la batalla.

    El Rey Murshilis, por ejemplo, escribió que una vez, «El Poderoso Dios de la Tormenta», «mostró su divino poder y lanzó un rayo» al enemigo, propiciando su derrota. Ayudando también a los Hititas en la batalla estaba la diosa Ishtar, también conocida como la «Dama del Campo de Batalla». Ella misma, desde el cielo, «bajaba para aplastar a los países hostiles».

    La influencia de los hititas se extendió por el sur hasta Canaán, pero no llegaron allí como conquistadores, sino como colonos. Trataron a Canaán como zona neutral, sin establecer ninguna pretensión sobre ella, a diferencia de la actitud mantenida por los egipcios.

    (Porque, una y otra vez, los Faraones, sirvientes de Marduk, intentaron extender sus dominios por el norte hasta Canaán y el Líbano).

    Las inscripciones de los hititas sugieren que éstos iban a la guerra sólo cuando los Dioses daban la orden, que al enemigo se le daba la ocasión de rendirse pacíficamente antes del inicio de las hostilidades, y que, una vez ganada la guerra, los hititas se daban por satisfechos con los tributos y la toma de cautivos: las ciudades no eran saqueadas y la población no era masacrada.


    LA BATALLA DE MEGGIDO (SIGLO 15 AEC)

    Pero el año 1470 AEC, el Faraón Tutmosis III derrotó finalmente a una coalición de reyes cananeos en Megiddo, y tuvo el orgullo de decir en sus inscripciones:

    «Después, su majestad fue al norte, saqueando ciudades y asolando poblaciones».

    Acerca de un Rey vencido, el Faraón escribió:

    «Asolé sus ciudades, incendié sus poblaciones, e hice montículos de ellas. Nunca podrán volver a asentarse allí. Capturé a todas sus gentes. Hice prisioneros. Me llevé sus ingentes ganados, así como sus bienes. Le quité todos los recursos vitales. Segué sus cereales y talé todas sus arboledas y sus hermosos árboles. Lo destruí por completo».

    Y todo esto lo hizo, según escribió el faraón, con la aprobación de Amón-Ra (Marduk), su dios.


    EL DIOS DE ISRAEL (SIGLO 15 AEC)

    El dios Amón, a cuyas órdenes de batalla atribuían los egipcios su crueldad, encontró la horma de su zapato en el Dios de Israel.

    El año 1434 AEC, Jehovah (al parecer, otro nombre para Ishkur), golpeó a Egipto con una serie de aflicciones que no sólo buscaban suavizar el corazón de su soberano, sino que también pretendían ser un «castigo contra todos los Dioses de Egipto».

    La milagrosa liberación de los israelitas del cautiverio de Egipto en dirección a la Tierra Prometida se atribuye en el relato del Éxodo a la intervención directa de Jehovah en aquellos trascendentales acontecimientos:

    «Y viajaron desde Sukot y acamparon en Etham, al borde del desierto. Y Jehovah iba delante de ellos, de día en un pilar de nube para dirigirles el camino, y de noche en un pilar de fuego para darles luz».

    Después sobrevino una batalla naval de la cual el Faraón prefirió no dejar inscripciones. Sabemos de ella por el Libro del Éxodo:

    «Y el corazón del Faraón y de sus sirvientes se tornó duro con respecto al pueblo... Y los egipcios salieron en su persecución, y los sorprendieron acampados junto al mar... Y Jehovah hizo retroceder al mar con un fuerte viento del este toda aquella noche, y secó las aguas. Y las aguas se separaron. Y los Hijos de Israel cruzaron por mitad del mar, sobre tierra seca...».

    Al romper el día, cuando los egipcios se dieron cuenta de lo que había ocurrido, el Faraón dio la orden de que los carros siguieran a los israelitas. Pero:

    «Y sucedió que, en la vigilia matutina, Jehovah contempló el campamento de los egipcios desde el pilar de fuego y nube. Y sembró la confusión en el campamento egipcio y aflojó las ruedas de sus carros, haciendo dificultosa su conducción. Y los egipcios dijeron: "Huyamos de los israelitas, pues Jehovah lucha por ellos contra Egipto"».

    Pero el soberano egipcio, en su persecución a los israelitas, ordenó a sus carros que prosiguieran con el ataque. El resultado fue calamitoso para los egipcios:

    «Y las aguas volvieron, y cubrieron a carros y jinetes y a todo el ejército del Faraón que les seguía. No quedó ni uno de ellos... E Israel contempló el gran poder que Jehovah había mostrado sobre los egipcios».


    LA BATALLA DE KADESH (SIGLO 13 AEC)

    El lenguaje bíblico es casi idéntico al utilizado por un Faraón posterior, Ramsés II, para describir la milagrosa aparición de Amón-Ra junto a él en una batalla decisiva sostenida contra los hititas en el 1286 AEC.

    En la batalla, que tuvo lugar en la Fortaleza de Kadesh, en el Líbano, se enfrentaron cuatro divisiones del faraón Ramsés II contra las fuerzas movilizadas por el Rey Hitita Muwatallis desde todas las partes de su imperio.

    Concluyó con la retirada de los egipcios, cortando en seco la embestida de éstos por el norte hacia Siria y Mesopotamia. También agotó los recursos hititas, debilitándoles y dejándoles al descubierto.

    La victoria de los hititas pudo haber sido más decisiva, pues a punto estuvieron de capturar al mismo Faraón. Sólo se han encontrado partes de inscripciones hititas que tratan de esta batalla. Pero Ramsés, a su regreso a Egipto, vio conveniente describir con detalle su milagroso escape.

    En las inscripciones de las paredes del templo, acompañadas por detalladas ilustraciones, Ramsés cuenta que los ejércitos egipcios llegaron a Kadesh y acamparon al sur, preparándose para la batalla. Pero, sorprendentemente, los enemigos hititas no se lanzaron al combate.

    Entonces, Ramsés ordenó a dos de sus divisiones que avanzaran hacia la Fortaleza. Fue entonces cuando aparecieron de la nada los carros hititas, atacando por detrás a las divisiones que avanzaban, y provocando el caos en los campamentos de las otras dos divisiones.

    Cuando, presas del pánico, las tropas egipcias se pusieron en fuga, Ramsés se dio cuenta de pronto de que «Su Majestad estaba totalmente solo con su guardia personal». Y «cuando el Rey miró detrás de sí, vio que estaba bloqueado por 2.500 carros» de los hititas.

    Abandonado por sus oficiales, aurigas e infantería, Ramsés se volvió a su dios, recordándole que se encontraba en aquel aprieto por haber seguido sus órdenes:

    «Y Su Majestad dijo: "¿Y ahora qué, Padre mío Amón? ¿Acaso un padre va a olvidar a su hijo? ¿Acaso he hecho algo sin ti? Todo lo que hice o dejé de hacer, ¿No fue de acuerdo con tus mandatos?"».

    Al recordar al dios egipcio que el enemigo se debía a otros dioses, Ramsés siguió preguntando:

    «¿Qué son estos asiáticos para ti, Oh Amón? Estos desgraciados que no saben nada de ti, Oh Dios».

    Y mientras Ramsés seguía implorando a su dios Amón para que le salvara, pues los poderes del dios eran mayores que los de «millones de soldados de a pie, de cientos de miles de aurigas», sucedió el milagro: ¡El dios apareció en el campo de batalla!

    «Amón me escuchó cuando le llamé. Extendió su mano sobre mí y me regocijé. Se puso detrás de mí y gritó: "¡Adelante! ¡Adelante! ¡Ramsés, amado de Amón, estoy contigo!"».

    Y, siguiendo el mandato de su dios, Ramsés rompió entre las tropas enemigas. Bajo la influencia del dios, los hititas se debilitaron inexplicablemente: «Bajaban los brazos, eran incapaces de disparar sus flechas, ni de levantar sus lanzas».

    Y se decían unos a otros: «No es un mortal el que está entre nosotros: es un poderoso dios. Sus hazañas no son las hazañas de un hombre. Un dios está entre sus miembros».

    Así, sin oposición, matando enemigos a diestra y siniestra, Ramsés se las compuso para escapar.

    Tras la muerte de Muwatallis, Egipto y el Reino Hitita firmaron un tratado de paz, y el Faraón reinante tomó a una princesa hitita para que fuera la esposa principal.

    Era necesaria la paz, porque tanto los hititas como los egipcios sufrían cada vez más los ataques de los «Pueblos del Mar»: invasores de Creta y de otras islas griegas.

    Éstos se habían afianzado en las costas mediterráneas de Canaán hasta convertirse en los Filisteos bíblicos, pero sus ataques sobre el mismo Egipto fueron rechazados por el Faraón Ramsés III, que conmemoró las escenas de la batalla en las paredes del templo.

    Éste atribuyó sus victorias a su estricta adhesión a «los planes del Todo Señorío, mi augusto y divino padre, el Señor de los Dioses». Era a este dios, Amón-Ra, a quien había que atribuir las victorias: pues era «Amón-Ra el que iba detrás de él, destruyéndolos».


    LA GUERRA DE TROYA (SIGLO 12 AEC)

    Una de las guerras sobre las que más se ha fantaseado, cuando «el amor hizo que se botasen un millar de navíos», fue la Guerra de Troya, entre los Aqueos griegos y los Troyanos. La declararon los griegos para obligar a los troyanos a devolver a la hermosa Helena a su esposo legítimo.

    Durante mucho tiempo se creyó que la Guerra de Troya, e incluso la misma Troya, no eran más que mitología. Pero en la actualidad, sabemos que Troya existió realmente, y que estaba emplazada en lo que hoy es el Monte Hissarlik, en el Oeste de Turquía.

    También se acepta que la Guerra de Troya fue una realidad histórica que tuvo lugar hacia el 1200 AEC. Fue entonces, según las fuentes griegas, cuando hombres y Dioses lucharon hombro con hombro.

    Sin embargo, en un relato épico griego, el Kypria, se daba a entender que esta guerra fue premeditada por el gran dios Zeus (al parecer, Utu-Shamash, hijo de Nannar-Sin y nieto de Enlil):

    «Hubo un tiempo en que miles y miles de hombres sobrecargaban el amplio seno de la Tierra. Y por compasión a ellos, Zeus, en su gran sabiduría, decidió aligerar la carga de la Tierra.

    »De modo que provocó la contienda de Ilion (Troya) a tal fin: para, a través de la muerte, provocar un vacío en la raza de los hombres».

    Homero, el rapsoda griego que hizo el relato de los acontecimientos de esta guerra en La Ilíada, culpaba a los Dioses por su capricho al instigar el conflicto y por haberlo vuelto y revuelto hasta hacerle alcanzar tan grandes proporciones.

    Al actuar de forma directa o indirecta, a veces de modo visible y a veces sin ser vistos, los distintos dioses empujaban a los actores principales de este drama humano a su capricho. Y detrás de todo esto estaba Jove (Júpiter/Zeus):

    «Mientras los otros Dioses y los guerreros en el campo dormían profundamente, Jove estaba bien despierto, pues estaba pensando cómo honrar a Aquiles y destruir a mucha gente en los barcos de los aqueos».

    Aún antes de entablarse la batalla, en el 1194 AEC, el dios Apolo comenzó las hostilidades:

    «Se sentó lejos de los barcos con el rostro tan oscuro como la noche, y su arco de plata llevaba la muerte cada vez que disparaba una flecha en medio de ellos [los aqueos]... Durante 9 días enteros disparó sus flechas entre la gente... Y a lo largo de todo el día estaban ardiendo las piras de los muertos».

    Cuando ambos bandos acordaron posponer las hostilidades en el 1184 AEC, con el fin de que sus líderes pudieran decidir la cuestión en un combate singular mano a mano, los Dioses, disgustados, le dijeron a Minerva:

    «Métete entre las huestes de troyanos y aqueos, e ingéniatelas para que los troyanos sean los primeros en romper su juramento y caigan sobre los aqueos».

    Entusiasmada con su misión, Minerva «cruzó el cielo como un meteoro brillante... con una cola ígnea de luz como estela». Más tarde, para que la terrible guerra no se detuviera por la noche, Minerva convirtió la noche en día iluminando el campo de batalla:

    «Levantó el grueso velo de la oscuridad de sus ojos, y gran cantidad de luz cayó sobre ellos, tanto en el lado donde estaban los barcos como en donde rugía el combate. Y los aqueos pudieron ver a Héctor y a todos sus hombres».

    Mientras crecía la violencia en las batallas, arrojando en ocasiones a un héroe contra otro, los Dioses no perdían de vista a otros guerreros destacados, abalanzándose para sacar de un aprieto a un héroe en apuros, o para tener dispuesto un carro sin auriga.

    Pero cuando los Dioses y las Diosas se encontraban en bandos opuestos y empezaban a hacerse daño unos a otros, Zeus detenía el combate y les ordenaba que se mantuvieran aparte de la lucha de los mortales.

    Aunque la tregua no duraba demasiado, pues muchos de los principales combatientes eran hijos de Dioses o Diosas (con parejas humanas). Marte se enfureció enormemente cuando su hijo Ascálafo resultó muerto al ser atravesado por un aqueo. Y le anunció a los otros Inmortales:

    «No me culpéis, oh Dioses que moráis en el cielo, si voy a los barcos de los aqueos y vengo la muerte de mi hijo, aún cuando al final sea alcanzado por el Rayo de Jove y yazga entre sangre y polvo en medio de los cadáveres».

    Homero escribió:

    «Mientras los Dioses se mantenían a distancia de los guerreros mortales, los aqueos predominaban, pues Aquiles, que durante largo tiempo se había negado a pelear, estaba ahora con ellos».

    Pero a la vista de la creciente ira de los Dioses, y de la ayuda que los aqueos estaban teniendo ahora con el semidiós Aquiles, Jove cambió de opinión:

    «"Por mi parte, permaneceré aquí, sentado en el Monte Olimpo, y observaré tranquilamente. Pero vosotros meteos entre troyanos y aqueos, y que cada uno ayude a su bando según su disposición".

    »Así habló Jove, y dio la orden de combatir. Por lo que los Dioses tomaron sus distintos bandos y fueron a la batalla».


    TIGLAT-PILESAR (SIGLO 12 AEC)

    Mientras Babilonia se metía con los países del sur y del este, los asirios extendieron sus dominios hacia el norte y hacia el oeste, hasta «el país del Líbano, a orillas del Gran Mar». Eran países que estaban en los dominios de los dioses Ninurta y Adad (Ishkur-Jehovah), y los Reyes Asirios tomaban buena cuenta de lanzar sus campañas por mandato explícito de estos Grandes Dioses.

    Así, Tiglat-Pilesar I conmemoró sus guerras, en el Siglo 12, con las siguientes palabras:

    «Tiglat-Pilesar, el rey legítimo, Rey del Mundo, Rey de Asiria, Rey de las Cuatro Regiones de la Tierra: El valeroso héroe, guiado por los mandatos dignos de confianza de Assur y Ninurta, los Grandes Dioses, sus Señores, venciendo así a sus enemigos...

    »Por orden de Mi Señor Assur, conquisté por mi mano desde más allá del bajo río Zab hasta el Mar Superior, que está en el oeste. Tres veces marché contra los países Nairi... Hice que 30 Reyes de los países Nairi se postraran a mis pies. Tomé rehenes de ellos, y recibí como tributo suyo caballos dóciles al yugo...

    »Por mandato de Anu y Adad, los Grandes Dioses, mis Señores, fui a las montañas del Líbano, y corté vigas de cedro para los templos de Anu y Adad».

    Al asumir el título de «Rey del Mundo, Rey de las Cuatro Regiones de la Tierra», los Reyes Asirios desafiaban directamente a Babilonia, pues ésta dominaba la antigua región de Sumer y de Acad.

    Para legitimizar su afirmación, los Reyes Asirios tenían que tomar el control de aquellas antiguas ciudades donde los Grandes Dioses tuvieron sus hogares en los días de antaño. Pero el camino hasta esas ciudades estaba bloqueado por Babilonia.


    SALMANASAR III (SIGLO 9 AEC)

    La hazaña la logró Salmanasar III en el Siglo 9 AEC, que dijo en sus inscripciones:

    «Marché contra Acad para vengar... e infligir la derrota... entré en Kutha, Babilonia y Borsippa.

    »Ofrecí sacrificios a los dioses de las ciudades sagradas de Acad. Continué río abajo hasta Caldea, y recibí tributo de todos los Reyes de Caldea...

    »En aquel tiempo, Assur, el Gran Señor... me dio el cetro, el báculo... todo lo que hacía falta para gobernar al pueblo.

    »Yo sólo actuaba bajo los mandatos dignos de crédito que me daba Assur, el Gran Señor, Mi Señor, que me ama».

    En el relato de sus distintas campañas, Salmanasar afirmaba que alcanzó sus victorias gracias a las armas que le proporcionaban los Dioses:

    «Combatí con la Fuerza Poderosa que Assur, Mi Señor, me había dado. Y con las potentes armas que Nergal, mi guía, me había regalado».

    Se dice que el Arma de Assur tenía un «fulgor aterrador». En una guerra con Adini, el enemigo huyó al ver «el aterrador Fulgor de Assur. Esto les sobrecogió».


    SENAQUERIB (SIGLO 7 AEC)

    Tras varios intentos, Babilonia fue saqueada al fin por el Rey Asirio Senaquerib en el 689 AEC. Pero esto sólo pudo ocurrir porque su propio dios, Marduk, se enfureció con su rey y con su pueblo, decretando que «70 años será la medida de su desolación»: exactamente lo mismo que decretara posteriormente el Dios de Israel para Jerusalén.

    Al someter la totalidad de Mesopotamia, Senaquerib pudo asumir al fin el ansiado título de «Rey de Sumer y Acad».

    En sus inscripciones, Senaquerib relató también sus campañas militares a lo largo de la costa del Mediterráneo, que le llevaron a combatir con los egipcios a las puertas de la Península del Sinaí.

    La lista de ciudades conquistadas parece un capítulo del Antiguo Testamento: Sidón, Tiro, Biblos, Akko, Ashdod, Ascalón, ciudades fortificadas que Senaquerib «aplastó» con la ayuda de «el sobrecogedor Fulgor, el Arma de Assur, Mi Señor».



    Los relieves que ilustran sus campañas (como el que representa el asedio de Lakish) muestran a los atacantes utilizando proyectiles con forma de cohete contra sus enemigos.

    En las ciudades conquistadas, Senaquerib mató a sus delegados y patricios, y colgó sus cuerpos en postes que dispuso alrededor de la ciudad. A los ciudadanos normales los consideró prisioneros de guerra.



    En cierto objeto, conocido como el Prisma de Senaquerib, se ha conservado una inscripción histórica en la cual éste hace mención del sometimiento de Judá y de su ataque a Jerusalén.

    La disputa que Senaquerib tuvo con su Rey, Ezequías, fue debida al hecho de que éste tenía prisionero a Padi, rey de la ciudad filistea de Ecrón, «que era leal por su solemne juramento al dios Assur».

    Senaquerib escribió:

    «Al igual que hice con Ezequías de Judá, que no se sometió a mi yugo, puse sitio a 46 de sus ciudades fortificadas y fuertes amurallados, así como a incontables poblaciones de los alrededores [...]. Al mismo Ezequías hice prisionero en Jerusalén, su residencia real. Como a un pájaro en una jaula lo rodeé de terraplenes [...]. Las ciudades que había saqueado las separé de su país y se las entregué a Mitini, Rey de Ashdod; Padi, Rey de Ecrón; y Silibel, Rey de Gaza. Reduciendo así su reino».

    El sitio de Jerusalén ofrece varios detalles significativos. No hubo un motivo directo, sino indirecto: que estuviera retenido allí contra su voluntad el leal Rey de Ecrón.

    El «sobrecogedor Fulgor, el Arma de Assur», que empleó para «aplastar las ciudades fortificadas» de Fenicia y Filistea, no se utilizó contra Jerusalén. Y el habitual final de las inscripciones —«Luché con ellos y les infligí la derrota»— no aparece en el caso de Jerusalén. Senaquerib se limitó a reducir el tamaño de Judea, entregando las regiones periféricas a los Reyes vecinos.

    Además, la habitual afirmación de que un país o una ciudad fueron atacados siguiendo las «órdenes dignas de crédito» del dios Assur, también están ausentes en el caso de Jerusalén. Y uno se pregunta si esto querrá decir que el ataque a la ciudad fue un ataque no autorizado, un capricho de Senaquerib, que no el deseo de un dios.

    Esta intrigante posibilidad se convierte en una convincente probabilidad cuando leemos la otra parte de la historia, la que nos llega a través del Antiguo Testamento.

    Mientras Senaquerib pasaba por alto su fracaso en conquistar Jerusalén, el relato que aparece en el Segundo Libro de Reyes (Capítulos 18 y 19), nos ofrece la historia al completo.

    Por la crónica bíblica nos enteramos de que «en el 14º año del Rey Ezequías, Senaquerib, Rey de Asiria, cayó sobre todas las ciudades amuralladas de Judá y las conquistó». Entonces, envió a dos de sus generales con un gran ejército hacia Jerusalén, la capital.

    Pero, en vez de asaltar la ciudad, el general asirio Rab-Shakeh entabló un intercambio verbal con los dirigentes de la ciudad, una conversación que insistió en mantener en hebreo, para que toda la población pudiera entenderles.

    ¿Qué es lo que tenía que decir que el populacho tuviera que saber? El texto bíblico lo deja claro: ¡Las conversaciones tenían que ver con la cuestión de si la invasión asiria de Judea estaba autorizada por el Señor Jehovah o no!

    «Y Rab-Shakeh les dijo: "Decidle a Ezequías: Así dice el Gran Rey, el Rey de Asiria: ¿Qué confianza es ésa en la que te fías? Si me decís: 'Nosotros confiamos en Yahveh, nuestro Dios' [...]. Entonces, ¿Es que he venido contra este lugar para destruirlo sin Jehovah? Jehovah me dijo: "¡Sube contra esa tierra y destruyela!"».

    Cuanto más rogaban los ministros del Rey Ezequías, de pie ante las murallas de la ciudad, que Rab-Shakeh dejara de decir esas falsedades en hebreo, y que las expresara en arameo, que por entonces era el idioma de la diplomacia, más se acercaba Rab-Shakeh a las murallas para gritar sus palabras en hebreo, con el fin de que todos pudieran oírlo.

    No tardó en emplear un lenguaje más duro con los emisarios de Ezequías, para acabar degradando al mismo Rey. Y al final, exaltado por su propia oratoria, Rab-Shakeh abandonó el reclamo de tener el permiso de Jehovah para atacar Jerusalén, y se puso a subestimar al mismísimo Dios.

    Cuando a Ezequías se le relató la blasfemia, «desgarró sus vestidos y se cubrió de sayal, y se fue a la Casa de Jehovah [...]. Y envió recado al Profeta Isaías, diciendo:

    «—Éste es un día de angustia, reprobación y blasfemia [...]. Que Jehovah, tu Señor, escuche todo lo que ha dicho Rab-Shakeh, al cual su señor, el Rey de Asiria, ha enviado para menospreciar al Dios Vivo.

    »Y el Señor Jehovah respondió a través del profeta Isaías:

    »—En lo relativo al Rey de Asiria [...] por donde vino, volverá. Y en esta ciudad no entrará [...] pues yo la defenderé para salvarla.

    »Y sucedió aquella noche, que el Ángel de Jehovah salió e hirió en el campamento de los asirios a 185.000 hombres. Y, he aquí, que al amanecer no había más que cadáveres. Y así, Senaquerib, el Rey de Asiria, partió, y regresando se quedó en Nínive».

    Según el Antiguo Testamento, después de que Senaquerib volviera a Nínive, «sucedió que, mientras estaba postrado en el templo de su dios, Nisrok, Adrammélek y Saréser, sus hijos, le mataron a espada, y escaparon al país de Ararat. Y Asaradón, su hijo, reinó en su lugar».

    Las crónicas asirias confirman el aserto bíblico. Ciertamente, Senaquerib fue asesinado, y su hijo pequeño Asaradón subió al trono después que él.



    En una inscripción de Asaradón conocida como el Prisma B, se describen los acontecimientos con mayor detalle. Por mandato de los Grandes Dioses, Senaquerib había proclamado públicamente a su hijo pequeño como sucesor:

    «Él convocó al pueblo de Asiria, jóvenes y viejos, e hizo que mis hermanos, los descendientes varones de mi padre, prestaran juramento solemne en presencia de los Dioses de Asiria [...] con el fin de asegurar mi sucesión».

    Más tarde, los hermanos romperían su juramento al matar a Senaquerib e intentar matar a Asaradón, pero los Dioses lo alejaron de ellos «y me llevaron a un lugar oculto [...] preservándome para la Realeza».

    Después de un período de confusión, Asaradón recibió «un mandato digno de crédito de los Dioses: "¡Ve, no te demores! ¡Marcharemos contigo!"».

    La deidad que fue delegada para acompañar a Asaradón fue Ishtar. Cuando las fuerzas de sus hermanos salieron de Nínive para repeler su ataque a la capital, «Ishtar, la Dama de la Batalla, que deseaba que fuera su Sumo Sacerdote, permaneció a mi lado. Ella rompió los arcos de ellos, y dispersó su orden de batalla».

    Una vez desorganizadas las tropas ninivitas, Ishtar se dirigió a ellos en nombre de Asaradón. Asaradón escribió:

    «Ante su egregia orden, se pasaron en masa a mi bando y se reagruparon detrás de mí, y me reconocieron como su Rey».

    Tanto Asaradón como su hijo y sucesor Assurbanipal intentaron invadir Egipto, y ambos emplearon Armas de Fulgor en las batallas. Assurbanipal escribió: «El aterrador Fulgor de Assur, cegó al Faraón de manera que se volvió loco».

    Otras inscripciones de Assurbanipal sugieren que su arma, que emitía un intenso y cegador resplandor, la llevaban los Dioses como parte de su tocado. En una ocasión, un enemigo «quedó ciego por el resplandor de la cabeza del dios». En otra, «Ishtar, que mora en Arbela, vestida con Fuego Divino y luciendo el Tocado Radiante, hizo llover llamas sobre Arabia».


    ASIRIA (SIGLO 7 AEC)

    Cuando Asiria alcanzó la supremacía, habiendo extendido sus dominios incluso hasta el Bajo Egipto, sus reyes, en palabras de Jehovah al Profeta Isaías, olvidaron que no eran más que un instrumento de Jehovah:

    «¡Oh Asiria, el azote de mi ira! Mi cólera es la vara en sus manos. Contra las naciones impías los envío, y les hago cargar sobre todo aquel pueblo que me enoja».

    Pero los Reyes Asirios iban más allá del mero castigo: «Más bien está en su corazón aniquilar y borrar no pocas naciones».

    Y esto iba más allá de lo que pretendía Jehovah. Por tanto, él anunció: «Pediré cuentas al Rey de Asiria. Pediré cuentas de los frutos de la creciente soberbia de su corazón».

    Las profecías bíblicas que predecían la caída de Asiría se hicieron realidad cuando los rebeldes babilonios del sur reunieron a los invasores del norte y del este para hacer caer Assur, la capital religiosa, en el 614 AEC, y Nínive, la capital real, que fue conquistada y saqueada dos años más tarde. Y la gran Asiria desapareció.

    Los Reyes vasallos de Egipto y Babilonia tomaron la desintegración del Imperio Asirio como una oportunidad para intentar restaurar sus propias hegemonías. Los países que había entre ellos se convirtieron, una vez más, en el ansiado premio, y los egipcios, bajo el Faraón Nekó, fueron más rápidos en la invasión de estos territorios.

    En Babilonia, Nabucodonosor II —tal como se informa en sus inscripciones— recibió la orden del Marduk para que marchara con su ejército hacia el Oeste. La expedición se hizo posible gracias a que «otro dios», el que tenía la soberanía original de la región, ya «no deseaba el país de los cedros», y ahora «un enemigo extranjero lo dominaba y lo esquilmaba».


    LOS ANUNCIOS DE JEREMÍAS (SIGLO 6 AEC)

    En Jerusalén, los mandatos del Señor Jehovah a través de su Profeta Jeremías estaban del lado de Babilonia, pues Jehovah —que llamaba a Nabucodonosor «mi siervo»— había decidido hacer del Rey babilónico el instrumento de Su ira contra los Dioses de Egipto:

    «Así dice Jehovah, Señor de los Ejércitos, el Dios de Israel: "He aquí que yo mando en busca de Nabucodonosor, mi siervo [...]. Y él herirá la tierra de Egipto, y dará muerte [...], y cautiverio [...], y espada [...]. Y prenderé fuego en la casa de los Dioses de Egipto, y él los incendiará [...]. Y romperá los obeliscos de Heliópolis, la que está en la tierra de Egipto. Y las casas de los Dioses de Egipto abrasará con fuego"».

    En el transcurso de esta campaña, el Jehovah anunció que también Jerusalén sería castigada por culpa de los pecados de su pueblo, por haberse dedicado al culto de la «Reina del Cielo» y de los Dioses de Egipto:

    «Mi ira y mi furia se derramarán sobre este lugar [...] y arderá y no se apagará [...]. Sobre la ciudad en la que mi nombre se ha pronunciado vendrá la perdición».

    Y así fue que en el año 586 AEC, «Nabuzaradán, capitán de la guardia del Rey de Babilonia, entró en Jerusalén. E incendió la Casa de Jehovah, y la Casa del Rey, y todas las casas de Jerusalén [...]. y el ejército de los caldeos echó abajo las murallas que rodeaban Jerusalén».

    Sin embargo, Jehovah prometió que esta desolación se prolongaría sólo durante 70 años.


    CIRO (SIGLO 6 AEC)

    El Rey que tuvo que cumplir esta promesa y permitir la reconstrucción del Templo de Jerusalén fue Ciro. Se cree que sus antepasados, que hablaban una lengua indoeuropea, habían emigrado hacia el sur desde la región del Mar Caspio hasta la provincia de Anzán, en la costa oriental del Golfo Pérsico.

    Allí, Hakham-Anish («Hombre Sabio»), el líder de los emigrantes, inició una dinastía a la que hemos dado en llamar Dinastía de los Aqueménidas. Sus descendientes —Ciro, Darío, Jerjes— hicieron historia como soberanos de lo que fue el Imperio Persa.

    Cuando Ciro ascendió al trono de Anzán en el 549 AEC, su país era una distante provincia de Elam y Media. En Babilonia, por entonces centro del poder, el trono estaba ocupado por Nabunaid, que se convirtió en Rey en circunstancias poco normales: no por la habitual elección del dios Marduk, sino como resultado de un peculiar pacto entre una Suma Sacerdotisa (la madre de Nabunaid) y el dios Sin.

    En una tablilla parcialmente dañada se recoge la acusación de la que acabaría siendo objeto Nabunaid: «Puso una estatua herética sobre una base [...] pronunció su nombre 'el dios Sin' [...]. En el momento oportuno de la Festividad de Año Nuevo, aconsejó que no hubiera celebraciones [...]. Confundió los ritos y trastocó las ordenanzas».

    Mientras Ciro estaba ocupado peleando contra los griegos de Asia Menor, Marduk, que quería recuperar su posición como dios nacional de Babilonia, «buscó y rebuscó por muchos países, intentando encontrar a un soberano justo y dispuesto a ser dirigido. Y pronunció el nombre de Ciro, Rey de Anzán, y dijo su nombre para que fuera el soberano de todas las tierras».

    Después de que las primeras acciones de Ciro demostraran ser acordes con los deseos del dios, Marduk «le ordenó que marchara contra su propia ciudad, Babilonia. Hizo que saliera al camino de Babilonia, yendo a su lado como un amigo de verdad».

    Así, literalmente acompañado por el dios, Ciro pudo tomar Babilonia sin derramamiento de sangre. El 20 de Marzo del 538 AEC, Ciro «sostuvo las manos de Bel [Señor] Marduk» en el recinto sagrado de Babilonia. El día de Año Nuevo, su hijo, Cambises, ofició la restaurada festividad en honor a Marduk.

    Ciro dejó a sus sucesores un imperio que abarcaba en uno solo a todos los primitivos imperios y reinos de la región. Sumer, Acad, Babilonia y Asiria en Mesopotamia; Elam y Media en el este; las tierras del norte; las tierras hititas y griegas en Asia Menor; Fenicia, Canaán y Filistea; todos se encontraban ahora bajo la soberanía de un Rey y de un dios supremo, Ahura-Mazda, Dios de la Verdad y la Luz.

    En la antigua Persia, se le representaba como a un dios barbado que cruzaba los cielos dentro de un Disco Alado, muy parecido al modo en que los asirios habían representado a su dios supremo, Assur.


    CAMBISES (SIGLO 6 AEC)

    Cuando murió Ciro, en el 529 AEC, la única tierra que seguía siendo independiente con sus Dioses independientes era Egipto. Cuatro años después, su hijo y sucesor, Cambises, llevó a sus tropas a lo largo de la costa mediterránea de la Península del Sinaí y derrotó a los egipcios en Pelusium. Pocos meses después entraba en Menfis, la capital real de Egipto, y se proclamaba Faraón.

    A pesar de su victoria, Cambises se cuidó mucho de emplear en las inscripciones egipcias la habitual fórmula de apertura: «el Gran Dios, Ahura-Mazda, me eligió». Reconocía así que Egipto no entraba dentro de los dominios de su dios.

    Como deferencia a los dioses independientes de Egipto, Cambises se postró ante sus estatuas, aceptando su dominio. A cambio, los sacerdotes egipcios legitimizaron su soberanía sobre Egipto, concediéndole el título de «Descendiente de Ra».

    El mundo antiguo se hallaba ahora unido bajo un único rey, elegido por el «Gran Dios de la Verdad y la Luz» y aceptado por los dioses de Egipto. Ni dioses ni hombres tendrían ahora motivos para guerrear entre sí. ¡Paz en la Tierra!


    LOS GRIEGOS (SIGLOS 5-4 AEC)

    Pero la paz fracasó al final. Al otro lado del Mediterráneo, los griegos iban creciendo en riquezas, poder y ambición, y cada vez se daban más conflictos, tanto locales como internacionales, en Asia Menor, el Mar Egeo y el Mediterráneo oriental.

    En el 490 AEC, Dario I intentó invadir Grecia y fue derrotado en Maratón. Nueve años después, Jerjes I fue derrotado en Salamina. Siglo y medio más tarde, Alejandro de Macedonia cruzaba desde Europa para lanzar una campaña de conquista que vería correr la sangre de hombres de todas las tierras de la antigüedad hasta la India.

    ¿Acaso llevaba a cabo un «mandato digno de crédito» de los Dioses? Nada de eso. Creyendo una leyenda según la cual su padre había sido Amón-Ra, Alejandro conquistó Egipto para escuchar el Oráculo del dios que le confirmara sus orígenes semidivinos.

    Pero el Oráculo también le predijo su temprana muerte, y los viajes y conquistas de Alejandro vinieron motivados, a partir de este momento, por su búsqueda de las Aguas de la Vida, de las cuales anhelaba beber para eludir su destino.

    A pesar de tanta carnicería, murió joven y en la flor de la vida. Y, desde entonces —aparentemente—, las Guerras de los Hombres han sido sólo las guerras de los hombres...


    FUENTES PRINCIPALES:
  • «La Guerra de los Dioses y los Hombres» (Zecharia Sitchin).
  • «El Código Cósmico» (Zecharia Sitchin).